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Recomendación de la Semana

Recomendación de la Semana: Florence Foster Jenkins

Todos necesitamos de vez en cuando ese cine simpático que no busca más que contarnos una historia, que no nos exige más que sentarnos a reír, a disfrutar… A sentir. Ese cine que, sin miedo a ser tachado de “comercial”, recupera eso que a veces parece olvidado, la función inicial del séptimo arte: entretener. Señoras, señores, la nueva bocanada de aire fresco se llama Florence Foster Jenkins, el último trabajo del aclamado Stephen Frears.

Con el siempre estimulante cartel de “basado en una historia real” da comienzo una película que nos acerca a la vida de la mujer que le da nombre, una excéntrica soprano que se hizo irónicamente famosa por su falta de habilidad musical. Como ya hiciera en Mrs. Henderson Presents (2005), el realizador británico no tiene problema en mostrarnos una primera mitad de siglo XX colorida, dicharachera y (las cosas como son) de cartón piedra, con el vodevil presente en atmósfera y estética. El film consigue evolucionar desde la comedia más ingenua y simpática hasta el drama más humano sin renunciar a la ternura en ningún momento; sin embargo, la auténtica maestría de la realización no consiste tanto en dicho proceso general como en los mágicos momentos en los que tragedia y comedia se abrazan sin estorbarse, esos que nos hacen reír a pesar de saber que existen motivos para llorar, esas escenas por medio de las cuales se nos hace más patente y cercano el mensaje de la obra, repetido en más de una ocasión por la protagonista: por muy dura que sea la vida, hay que tratar de vivirla felizmente hasta que se acabe.

Todo, absolutamente todo, es posible con el tándem de actores con el que cuenta Frears: un correctísimo Hugh Grant que sabe encarnar a la perfección la devoción, el respeto y, sobre todo, el cariño, cuya interpretación no deja de orbitar alrededor de la gran estrella con la que comparte pantalla (porque trabajar con ella supone hacer eso), esa pluscuamperfecta actriz capaz de transmitir con una sola mirada toda la inocencia y candidez del personaje al que encarna sin renunciar a la melancolía y el drama imperante en el guion: la incomparable Meryl Streep. Cerrando el elenco principal encontramos a Simon Helberg, intérprete que logra desmarcarse del papel que tanta fama le ha dado (Howard Wolowitz en la serie The Big Bang Theory) sin perder un ápice de comicidad y sin olvidar que su tarea principal no es otra que ensalzar la figura de una radiante Streep a quien probablemente espere el próximo Globo de Oro a mejor actriz de comedia o musical.

Como claro precedente, es justo y necesario mencionar la más que correcta Madame Marguerite (2015) de Xavier Giannoli, una reciente película francesa donde hallamos prácticamente la misma historia por medio de un discurso que deja algo más de lado la comedia para hacer mayor hincapié en el drama humano y las cuestiones morales en relación al comportamiento del marido para con la protagonista. Trabajo este también muy interesante que, a pesar de tener las suyas propias, obvia las principales cualidades de Florence Foster Jenkins: esa suma de encanto, comicidad y positivismo que hace de ella una cinta familiar de las que, precisamente por no tomarse a sí mismas demasiado en serio, se dejan ver en cualquier momento, sea cual sea el ánimo con que se reciban. Y eso, amigos, no es en absoluto decir poco.

Por Martín Escolar-Sanz

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