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Críticas

Terminator Génesis: la sonrisa de Schwarzenegger.

James Cameron dijo hace poco que era fan de la nueva entrega de la saga de los exoesqueletos asesinos. Supongo que el director de Titanic lo haría con la intención de ayudar a promocionar el nuevo largometraje de la franquicia que él mismo fundó y darle un empujón más que necesario, ya que las andanzas de Sarah y John Connor van a requerir de todo el apoyo posible.

El filme que ha dirigido Alan Taylor, autor también de la dirección de algunos episodios en series como Mad Men, Juego de Tronos o Roma, es lo más parecido a lo que debería haber sido una tercera parte de Terminator tras el «Sayonara, baby» de la segunda y magistral El Juicio Final. El argumento de Génesis y su desarrollo concuerdan bastante mejor con su teórica predecesora y, seguramente, en ese hipotético momento hubiese tenido mejor aceptación.

Sin embargo, han pasado 24 años y Terminator 3: la rebelión de las máquinas y Terminator Salvation, hicieron flaco favor al eléctrico y talentoso binomio que formaron las dos primeras películas, sobretodo la segunda, un antes y un después en la historia de los efectos especiales que, apoyado en un potente guión y en el carismático personaje de un Arnold Schwarzenegger en plenitud, regalaron al público una de las mejores películas de la década. Pero ahora es tarde, casi todo en Génesis nos suena a vulgar solo consiguiendo librarse de la quema en algún momento puntual. El filme de Taylor cae una y otra vez en los tics del género y, lo que es peor, se acaba riendo de sí misma durante algunas secuencias que parecen caricaturizar aquello que hace algo más de dos decenios era sacrosanto de la Ciencia Ficción.

El exceso de chistes (sin excesiva gracia) y las pocas novedades que nos presenta la película, hacen de Terminator Génesis una mediocridad sin personalidad definida, una secuela innecesaria a pesar de sus repetitivos esfuerzos por explicarnos lo que vemos, que aporta poco a pesar de sus nobles intenciones a una saga maltrecha necesitada ya de un parón definitivo. Su guión está tan forzado como la sonrisa del T-800 que interpreta, una vez más, el exgobernador de California. Un Arnold Schwarzenegger sexagenario que intenta desempeñar su papel de la manera más digna posible.

© Paramount Pictures

© Paramount Pictures

Esa preocupante medianía no solo la encontraremos en el ciclado guión de Laeta Kalogridis y Patrick Lussier. Ni Emilia Clarke, ni Jason Clarke (que poco carisma tiene este actor) contribuyen a mejorar la cinta con sus trabajos, ni los efectos especiales, que antaño nos dejasen a todos pegados a la butaca, están a la altura de una producción que, sin ninguna duda, necesitaba de ellos para sostenerse con algo de amor propio, tampoco la música… Ningún aspecto técnico consigue sorprendernos y ese es uno de los mayores lastres del filme. Si no ofreces un argumento que impresione, o actores de primer nivel que aguanten el peso de unos personajes realmente insulsos, regálale al espectador, al menos, un buen apartado visual. Pues tampoco. El intento por hacer un limpiado de cara a la franquicia Terminator, no ha surtido efecto. Por lo que se oye quedan aún dos entregas, así que esto puede acabar en una hecatombe. Ojalá lo paren antes.

Lo mejor: ver de nuevo a Schwarzenegger como el T-800.

Lo peor: que las ganas de relanzar la saga no hayan sido suficientes.

Por Javier Gómez.
@blogredrum

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