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Reportajes

10 grandes películas que salieron de Sundance (y algunas pifias del festival)

Más de tres décadas y media han pasado ya desde su primera edición, y casi cuarenta años desde que a Robert Redford se le ocurriese la idea de fundar un instituto que funcionase como laboratorio de cine independiente estadounidense en las inmediaciones de Salt Lake City, capital de Utah. Mucho ha cambiado el proyecto desde entonces, cuando comenzó siendo un lugar donde proyectar las películas hechas con presupuestos mínimos y que no conseguían contrato de distribución –cuando el término indie todavía tenía sentido–, y actualmente es uno de los festivales con mayor repercusión en el panorama cinéfilo, con diferentes premios y categorías que llegan a incluir películas de todo el mundo, a pesar de seguir centrado en el cine estadounidense.

A lo largo de todos estos años, Sundance ha sido una ventana abierta al mundo entero para muchos realizadores talentosos que no procedían de una familia bien ni tenían contactos en el mundillo, y como tal nos ha servido para descubrir algunos de los creadores más relevantes del cine americano actual, así como algunas joyas que no habrían alcanzado ninguna difusión de no ser por su inclusión en este festival. Para poder mirar a su sección oficial a concurso de este año desde otra perspectiva, aquí van las diez mejores películas premiadas en Sundance y un breve compendio de las mejores películas que el festival pasó por alto.

Style Wars (Henry Chalfant & Tony Silver, EEUU, 1983)

En su primera edición Sundance tenía solamente dos categorías: premio a la mejor película y al mejor documental. Esta película, hecha con muy pocos medios pero una determinación asombrosa por parte de sus creadores, se erigió como la primera premiada en la categoría documental, y el paso del tiempo la encumbra como una obra de culto precursora y paradigmática para su género. De clara vocación periodística, cercana al reportaje televisivo, Style Wars sienta las bases de lo que significa el hip-hop ya a principios de los años 80, sirviendo como primer y durante mucho tiempo único punto de referencia audiovisual en el estudio de esta cultura.

Sangre fácil (Blood Simple, Joel Coen, EEUU, 1984)

Ganadora de la segunda edición del festival, la ópera prima de un desconocido Joel Coen sería el pistoletazo de salida a una de las carreras más brillantes en la historia del cine, y una de las filmografías con más seguidores y más reverenciadas en los tiempos de Internet. Aunque Sangre fácil acredita como director a un solo hombre, hoy sabemos que su hermano también se encargó de dirigir a los actores, colocar la cámara y poner en imágenes el guión que él mismo había escrito. Los hermanos Coen nos dejan ver ya en su primera película el amor por los géneros, la mezcla de drama y comedia y la tensión en el plano que les ha convertido en autores definitorios para el cine contemporáneo.

Extraños en el paraíso (Stranger than Paradise, Jim Jarmusch, EEUU, 1984)

El mismo año que Sangre fácil ganaba el Gran Premio del Jurado como la mejor película presentada en esa edición, Sundance tuvo que inventarse una mención honorífica a modo de premio especial para un film inclasificable hecho por un músico y poeta bohemio con el pelo canoso pese a su juventud. Efectivamente, el festival también descubrió al resto del mundo al genio Jim Jarmusch, a la postre el que posiblemente ha sido el autor más importante de cine independiente, con esta road movie grabada en un viaje de dos semanas por Estados Unidos con solo tres actores. Ese mismo año, Extraños en el paraíso ganó sendos premios en los festivales de Cannes y Locarno, y su éxito catapultó a su director para siempre.

Clerks (Kevin Smith, EEUU, 1994)

A mediados de los años 90, un joven dependiente de una tienda de autoservicio vendió una extensa colección de cómics que le había costado años reunir, sacó los ahorros de su vida para estudiar en la universidad y lo que había cobrado de una compañía de seguros poco tiempo antes, y produjo en el mismo supermercado donde trabajaba una película muy básica a base de diálogos entre los cajeros y clientes de la tienda. Clerks fue un éxito rotundo y, tras ganar el premio a la mejor dirección en Sundance, pasó por muchos otros festivales y por las salas de todo el país, multiplicando por ciento veinte veces el dinero que Kevin Smith había invertido en ella, y permitiéndole al nuevo gurú de la comedia indie recuperar su colección de cómics.

Pi, fe en el caos (Pi: Faith in Chaos, Darren Aronofsky, EEUU, 1998)

A modo de homenaje a todo lo visto anteriormente en Sundance, y con muchas referencias al excelso bagaje en cine negro y thrillers de intriga que el director neoyorquino poseía, Aronofsky presentó su primera película con un presupuesto austero, un guión muy fuerte y las ideas muy claras. Pi, fe en el caos ganó el premio a la mejor dirección gracias a una puesta en escena que aúna las que posteriormente se han convertido en las constantes más representativas de su director: imágenes muy poderosas en los primeros planos, secuencias aceleradas por un ritmo de montaje frenético en los planos detalle y una inusitada importancia de los efectos de sonido diegéticos.

Puedes contar conmigo (You Can Count on Me, Kenneth Lonergan, EEUU, 2000)

Contando ya con más de quince años de edad y una vez llegamos al siglo XXI el festival de Sundance no puede seguir siendo considerado lo que en sus inicios pretendía ser y era. La ganadora del Gran Premio del Jurado en el año 2000 fue esta película producida por Martin Scorsese y distribuida por Paramount, llevada a cabo con un presupuesto de más de un millón de dólares, algo muy alejado de lo que venían siendo las películas “independientes”. Pero la ópera prima del dramaturgo Kenneth Lonergan, recientemente ganador del Oscar a Mejor Guión Original por Manchester frente al mar (Manchester by the Sea, 2016), al menos estaba realizada según los cánones del cine indie americano, unas pautas que el propio festival de Sundance llevaba años asentando. Este original drama de personajes también nos descubrió el talento en ciernes del todoterreno Mark Ruffalo.

En la habitación (In the Bedroom, Todd Field, EEUU, 2001)

El premio especial del jurado en la edición de 2001 fue para una insólita ópera prima por la madurez con la que su director trataba el tema en imágenes. Todd Field, actor que acumuló experiencia trabajando a las órdenes de cineastas de la talla de Woody Allen o Stanley Kubrick, escribió un drama muy sugerente y lo puso en escena con mucha intensidad, manteniendo el pulso firme cuando la cámara se merece estar quieta aunque la tentación sea moverla, y aguantando el plano donde más incomoda al espectador aunque se tenga la oportunidad de cortar. Cinco nominaciones a los Oscar y otras tantas en los Globos de Oro para la película que había ganado en Sundance terminaron por desplazar a éste a un término más notorio pero menos interesante como festival de cine.

Brick (Rian Johnson, EEUU, 2005)

Rian Johnson es hoy uno de los directores más disputados en Hollywood por las grandes productoras, capaz de darle empaque y personalidad a una cinta comercial amén de su buen hacer detrás de la cámara y sus virtudes como guionista (no dirige nada que no haya sido escrito por él). Pero mucho antes de saltar a la fama con la espléndida Looper (2012), en Sundance ganó el premio especial del jurado por la que fue su primera película, Brick, una inteligente extrapolación de los códigos del cine negro clásico americano y la novela pulp a un contexto (high-school estadounidense) y unos personajes (teenagers americanos) sorprendentes y efectivos para la causa. Original y bien desarrollada, es también la primera aparición estelar de Joseph Gordon-Levitt.

Whiplash (Damien Chazelle, EEUU, 2014)

Para mediados de la década pasada, Sundance ya había pasado de ser un trampolín de películas independientes a ser un ascensor para los Globos de Oro y Oscar de las películas con mejor factura que se presentasen. Damien Chazelle, proveniente de una familia rica y graduado en Harvard, se propuso llevar al celuloide su propia experiencia personal como aprendiz de baterista de jazz bajo las órdenes de un profesor demasiado severo, y lo hizo rodeado de un elenco de actores y un equipo técnico tan buenos que la factura final del film le llevó directamente a los Oscar y a ser considerado el nuevo niño prodigio de Hollywood. Whiplash es talento en estado puro y posee unas interpretaciones portentosas, un montaje fino y depurado y un estilo arrollador por parte de su director en la puesta en escena.

La bruja (The Witch, Robert Eggers, EEUU, 2015)

El último gran descubrimiento de Sundance vino en la edición de 2015, donde el premio al mejor director se lo llevó Robert Eggers, un virtuoso de la escenografía y la caracterización de personajes proveniente del mundo del teatro, que ya se ha confirmado como uno de los autores más interesantes de la actualidad con el estreno de El faro (The Lighthouse, EEUU, 2019), su segunda película. La bruja es un debut ejemplar en todos los ámbitos, la puesta en escena y la planificación visual del conjunto denotan una madurez impropias de una ópera prima. El inteligente uso de los espacios y el fuera de campo apuntan las raíces de su director, así como un oficioso diseño de producción que nada tiene que envidiar a las grandes producciones hollywoodienses. La depurada ambientación sonora y una sublime Anya Taylor-Joy en el rol protagonista ponen el lazo a esta historia de terror que además supone un soplo de aire fresco para el trillado género.

Las mayores pifias del festival

Aunque In the Soup (Alexandre Rockwell, EEUU, 1992) se amoldaba perfectamente a los esquemas de Sundance, se llevó el gran premio del jurado en 1992 por delante de la mítica Reservoir Dogs (Quentin Tarantino, EEUU, 1992), decisión que posiblemente lamentarían solo unos meses más tarde cuando fue encumbrada en otros festivales aprovechando que allí se olvidaron de ella (como el de Sitges, por ejemplo). Otros clásicos instantáneos del cine independiente estadounidense como Memento (Christopher Nolan, EEUU, 2000) y Donnie Darko (Richard Kelly, EEUU, 2001) fueron ninguneados en la edición de 2001, y la controvertida Primer (Shane Carruth, EEUU, 2004) se llevó el premio gordo en 2004 por encima del film de culto Napoleon Dynamite (Jared Hess, EEUU, 2004). Otras películas que con perspectiva de tiempo podemos ver superiores a toda su hornada y que se fueron de vacío en el festival fueron La ola (Die Welle, Dennis Gansel, Alemania, 2008), todo un clásico del cine contemporáneo europeo, Take Shelter (Jeff Nichols, EEUU, 2011), premiada en Cannes o Gijón, e Incendios (Wildlife, Paul Dano, EEUU, 2018), exquisita ópera prima del actor Paul Dano en la dirección, con unos Jake Gyllenhaal y Carey Mulligan dignos de gratificación.

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