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Críticas

Madre: A orillas del vacío

El tándem Rodrigo Sorogoyen-Isabel Peña ha dado algunas de las últimas alegrías al cine español, regocijado en los guiones eléctricos (Stockholm, Que Dios nos perdone, El reino) de un dúo que trabaja a las mil maravillas pero que tiene, en los defensores del cine menos testosterónico, unos cuantos y ruidosos detractores.

Madre (2019), largometraje que tiene su tramo seminal en un corto nominado al Oscar en la pasada gala de los premios de la Academia norteamericana, es la confirmación de que Peña y Sorogoyen también saben echar el freno. La desaparición de un niño en tierras vasco-francesas es la razón para que el realizador madrileño decida sumergirse en el vacío de una madre ultrajada por el destino fatal de su hijo arrebatado, sumiendo su película en un tono mucho más pausado e intimista que sus producciones anteriores.

Sorogoyen y Peña escriben un relato que navega a través de la deriva emocional de un personaje en apariencia vacío que guarda en su interior el profundo dolor de la pérdida más cruel. Para reflejar esa falta de vida, Marta Nieto desempeña un trabajo admirable donde, paradójicamente, brilla una inexpresión que es, en realidad, todo lo contrario. En su mirada lacerante se refleja una existencia que anhela, aunque solo sea por un momento, un reencuentro al que nunca renunció. Pero nada es sencillo cuando el futuro es lo que menos importa y sobrevuelan algunos factores externos: familia, amigos, parejas… o alguien que se cruza y que puede ser él. O no.

Rodada con grandes angulares, un uso constante de la steadicam y mucha profundidad de campo, Madre es un trabajo delicado que se mece en la música, de nuevo destacable, del compositor francés Olivier Arson, ganador del Goya el año pasado gracias a su excitada partitura para El reino (2018). Sorogoyen nos confunde con un principio frenético para, seguidamente, quitarle revoluciones al relato y convertir su película en poesía dramática sobre el dolor de una madre a la que los ecos de una llamada de teléfono le van y le vienen como las olas del mar que todo los días mira con nostalgia. Es, en definitiva, una mujer desesperada a orillas del más insondable de los vacíos.

Lo mejor: La interpretación de Marta Nieto y los grandes angulares (también los emocionales).

Lo peor: Algunos tramos ligeramente erráticos.

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