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Críticas

Dónde estás, Bernadette: Cuestión de perspectiva

Durante uno de los innumerables mensajes que Bernadette graba para su ayudante, se percata de que hay algo entre el suelo y la alfombra. Ante la incertidumbre, y sin cesar en su soliloquio, hace un corte en el tejido y deja el espacio necesario para que asome la planta que crecía salvaje debajo de este. La escena, a priori intrascendente, condensa con magistral economía narrativa y precisión visual la esencia de Dónde estás, Bernadette (Where’d You Go, Bernadette, 2019), al ser capaz de contextualizar una situación vital mucho más compleja de lo que puede apreciarse de un simple vistazo, la soledad que rodea a su protagonista, su capacidad de lucha y adaptación, pero sobre todo, su necesidad de intervenir en el ambiente para solucionar problemas.

Basada en la novela homónima de Maria Semple, la cinta resulta ser una rara avis dentro de la filmografía de Richard Linklater. El tono y la premisa quedan bastante lejos de esa incesante necesidad de atrapar el tiempo en su forma cinematográfica que fueron Boyhood (2014) o la trilogía que comenzó con Antes del amanecer (Before Sunrise, 1995), pero sin renunciar a sus señas de identidad. En el centro del relato, Bernadette, una mujer peculiar, carismática y decididamente inclasificable a la que Cate Blanchett interpreta abrumador dominio del encuadre. Este es, por tanto, uno de los pilares de una cinta que gira en torno a la reconstrucción de una mujer cuya crisis no parece coincidir con la que provoca en los demás. Hay un cierto desajuste en su vida que el realizador traslada a la pantalla en uno de los momentos clave del film: mientras ella comparte con un antiguo amigo cómo se siente (y despeja a su vez muchos interrogantes del relato), su marido le describe a una psiquiatra las cosas que no entiende de su mujer (desvelando cómo es la relación entre ambos). Todo aquello que parecía obviarse, Linklater lo afronta sin rodeos en un montaje que confronta una misma realidad y las dos percepciones desde las que se observa, sin que ninguna de ellas se contradiga. Este punto de inflexión pone fin a una primera parte, una comedia de situación de momentos hilarantes, extravagantes, para dar paso a una aventura de autodeterminación y superación personal.

Puede que no sea casual que este cambio de enfoque se produzca en el instante en que Bernadette verbaliza lo que le pasa: la trilogía de Jesse y Céline se define por las palabras que comparten, por los encuentros en los que desvelan una cantidad innumerable de ideas y pensamientos que, en realidad, definen quiénes son; en Boyhood quedan fuera de cámara los hitos vitales para dejar en el centro del relato los momentos de lucidez que el joven Mason comparte con su madre o con su padre… Aquí, el proceso de introspección de Bernadette, que comienza mucho antes de su desahogo, se solidifica en el instante en que Linklater lo expone como la otra cara de la realidad. De esta manera, ni la medicina ni la psicología, ni siquiera la sociedad, ofrecían modelos válidos para valorar quién es esta mujer o qué le sucede; por tanto, se empleaba un enfoque equivocado, el mismo del que el espectador debe aprender a desprenderse. No hay un brusco cambio de punto de vista, ni siquiera una falta de coherencia en el rumbo que toma la narración: desde el principio, la voz en off de su hija adolescente, así como sus interacciones con su madre, son el vínculo que permite entender que la aparente desconexión de Bernadette no encaja con el estereotipo de inadaptado.

Linklater no ha parado en su intento de demostrar que jamás se termina de crecer. Que atesorar momentos es también configurar a las personas, sus emociones, sus ideales pero también sus relaciones. El pasado de Bernadette, ese que se muestra en fragmentos de programa televisivo y que ella parece esquivar constantemente, se impone como un relato escrito por otros. Este es, quizá, el principal problema de esta mujer: enfrentar su pasado,  asumir su presente y diseñar su futuro.

Lo mejor: Cate Blanchett.

Lo peor: Su engañoso aspecto de comedia ligera e intrascendente.

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