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Críticas

Zeros and Ones: Caín no andaba tan descaminado

Abel Ferrara fue esa presencia incomoda en los coloridos y optimistas 80, y que se asentó como autor de culto durante unos 90 en los que dirigió cintas tan reconocibles e imperecederas como Teniente corrupto (Bad Lieutenant, 1992), El rey de Nueva York (King of New York, 1990) o El funeral (The Funeral, 1996). Y no ha dejado de trabajar, aunque de forma más irregular, nadando entre su imagen punk y su sabiduría clásica. Pero vaya, que no hablamos de un principiante, ni de un medianía. Hablamos de un autor con lenguaje propio, y un mundo interior que en ocasiones ha sido deslumbrante.

Igual es cosa mía, cada uno vive el duelo o la enfermedad como puede. Hay gente que sabe sufrir, incluso hay gente, dicen, que sabe de cine. Y puede que para estos haya hecho Ferrara Zeros and Ones, ¿película? que se estrena ahora en el menor número de salas posible, espero.

La trama es incomprensible, en medio de una fotografía oscura y pretendidamente desenfocada, que, dicen los que de esto entienden, debe intentar recoger la confusión que vivió la humanidad hace un año y medio cuando nos confinaron, y calles antaño atestadas de gente, eran usadas por la naturaleza para recuperar lo que le habíamos arrebatado. Se supone que un agente de inteligencia busca a su hermano gemelo, que a la sazón es un terrorista internacional con la ambición de destruir este capitalista mundo. Creo que este es el argumento. No vamos a caer en la bajeza y tradición de hacer un chiste con el título de la película y la nota que  merece. Ni siquiera al número total de segundos en los que el director y guionista elaboró la trama y el argumento, o lo que sea esta especie de video casero con aspiraciones de acción metafórica.

Al comienzo de la película Ethan Hawke se dirige al público sentado en el sofá de su casa, contando a la concurrela por qué sintió la necesidad de embarcarse en esta aventura (excusatio non petita). Lo de siempre. Trabajar al lado de alguien como Ferrara, vivir en su mundo. Al final vuelve a salir Ethan, y ahora ya sí su cara no puede disimular la vergüenza ajena que le provoca ser el rostro (y qué rostro) de este proyecto. Parece que te va a pedir perras el hombre cuando lo que tendría que pedir son disculpas por haber dispuesto de tu tiempo y de tu dinero de esta manera.

© Lionsgate

Abuso del primer plano y de las nuevas tecnologías, filtros de colorinchis a lo pequeño pony, una Roma desaprovechada, Ethan muy sobreactuado, y algún desatino más en este bocata de pelos, más propio de Wismichu que del director de The Addiction (1995). Que lo que es menos comprensible que el argumento es cómo se ha podido estrenar esta película en cine, y no en una sala en el infierno para solaz de dictadores y asesinos. Es irritante hasta el punto de querer ser Cain durante gran parte del visionado.

Hay un momento en el que un señor que se parece a Bono, el de U2, le grita al protagonista desde una pantalla que huya. No se me ocurre mejor consejo.

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