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Cine norteamericano

Deadpool: el antihéroe americano

Es posible que la pulcritud y la ética de la mayoría de superhéroes que han dado a luz Marvel o DC sea el gancho de todos aquellos que buscan en esas creaciones la fortaleza y la rectitud moral que pocos tienen en el mundo real. Si además, esa figura es capaz de volar, teletransportarse o multiplicar su tamaño por veinte (sin perder los calzoncillos), el personaje acabará volviéndose un ídolo.

Ya no es una sorpresa que distintos estudios cinematográficos quieran realizar adaptaciones de los cómics de Marvel para la pantalla grande, esto se debe principalmente a la inmensa cantidad de seguidores que tiene este universo. De hecho, algunas plataformas digitales de juegos han cambiado la interfaz visual de sus aplicaciones para sumarse a la ola.

Pero he aquí, que algunos a los que les gusta dejarse llevar por el lado oscuro de vez en cuando, van a tener en Deadpool un héroe que no es tal, que reniega de ello y que, además, se regodea en el hecho de no dedicar su tiempo a bajar gatitos de los árboles, ni a princesas de castillos. Deadpool es un personaje de Marvel que no parece serlo, pues sus valores no tienen ninguna de las características que deberían hacerlo admirable. Y aún así, lo es.

Ryan Reynolds vuelve a enfundarse la licra roja y negra después de que X-Men orígenes: Lobezno destrozase cualquier posibilidad de haber introducido decentemente la figura de Deadpool como enemigo de los X-Men. Su aparición en la mediocre película que dirigió Gavin Hood en 2009 fue terrible para el personaje, puesto que su construcción era uno más dentro los despropósitos de un guión torpe y ramplón.

Uno de los puntos fuertes de Deadpool es precisamente ese, ser consciente de la metedura de pata y, siempre en clave de humor, hacer referencia a los infructuosos intentos de Reynolds de convertirse en un buen superhéroe, ya que con Linterna Verde se produjo otro desatino en la carrera del actor y en la innumerable lista de tropiezos de las adaptaciones del cómic al cine.

© Fox

© Fox

Es a partir de ese momento, una vez se han caricaturizado las apariciones de Reynolds en estas infructuosas versiones, cuando comienza la montaña rusa de violencia y gamberrismo que supone una vuelta de tuerca al tratamiento de estos dos aspectos en películas de la misma temática. Guardianes de la galaxia (James Gunn, 2014) ya había logrado despertar nuestro interés sobre el nuevo y desvergonzado enfoque, y es ahora, con la aparición en pantalla grande del descarado cómic Deadpool, cuando llegamos a ese punto donde no encontramos nada en la película que sea políticamente correcto. El filme de Tim Miller es un saco de malos deseos que carga esta especie de vengador (muy tóxico) otrora Wade Wilson, soldado de las fuerzas especiales y matón después.

Precisamente, la desternillante personalidad de Wilson es el trampolín que utiliza su alter ego para no dejar títere con cabeza. Por tanto, su motivación para despedazar al personal no es solo su ansia de venganza (por algo que ya veréis) sino pura diversión. No escatima en destrozos, tampoco en piropos y frases para el recuerdo. Deadpool olvida la ciencia y la conciencia para dejarse llevar por sus odios más profundos y sus mejores chistes. En definitiva, un enmascarado que ha hecho méritos para convertirse en el antihéroe más salvaje y divertido, justo lo que siempre quiso ser.

Lo mejor: la irreverencia del personaje, épica total del mal comportamiento.

Lo peor: si tenéis pensado llevar a vuestros hijos, que sean mayores de edad.

Por Javier G. Godoy
@blogredrum
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