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25 años de Pretty Woman

Efectivamente estimados lectores: el tiempo pasa y ya sabemos que para el cine también. Y cuando títulos memorables de los noventa cumplen cierta edad, algunos nos asustamos. Pues he aquí un título que en el 2015 le caen 25 años: Pretty Woman. Es oír su nombre y tener en la mente el soniquete de la canción de Roy Orbison.

Es curioso como una película que posee tantos puntos para categorizarse dentro de las producciones mediocres haya hecho historia. Y eso que muchas –y muchos, seguro- nos la sabemos de memoria: pero ahí están los fallos de raccord en el desayuno, un guion no muy allá que narra una relación tan poco creíble – se ha sabido que el guion original era más sórdido -. Ni Julia Roberts ni Richard Gere ofrecieron las mejores de sus actuaciones. Y del mensaje implícito machista mejor hablamos en otro momento porque nos daría para varios artículos.

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© Touchstone Pictures

Pero aunque cueste reconocerlo, hay ingredientes que provocaron que este idilio hiciese historia: normal que esa década diera después tantas comedias románticas míticas.

La película dirigida por Garry Marshall es un fenómeno televisivo: pocos largometrajes de esos años siguen haciendo tanta audiencia cuando se emiten en televisión. Engancha pese a que se sabe que ella lleva peluca cuando se conocen, la secuencia en la que Vivian se va de compras sigue deslumbrando, y la despedida y el final emocionan: Edward subiendo por las escaleras de incendios sufriendo de fobia a las alturas es poner el listón alto.

El paseo por Rodeo Drive, el Lotus Esprit que “coge las curvas como si fuera por railes”, Vivian emanando autenticidad peleándose con los caracoles en un restaurante, o compungida en la ópera que “por poco se mea de gusto en las bragas”; hasta entonando a Prince en la bañera.

Roberts se convirtió ipso facto en “La novia de América” y pocas la han desbancado de ese puesto desde entonces. Richard Gere, un intérprete que nunca ha poseído la expresividad como punto fuerte, se convirtió en el hombre atractivo por antonomasia de los noventa (inevitablemente Clooney le arrebató ese puesto en la década siguiente). La química entre ambos actores fluía como pocas veces se ha visto. Ese fue el verdadero gancho.

Los temas de la banda sonora –ahora hits de radiofórmula- encabezada por la famosa melodía, estaban muy bien insertados: ahí estaba Roxette con su It must have been love, o canciones como Wild Women do, o Fallen  de Lauren Wood.

El vestuario fue crucial: de hecho tiene una secuencia para él solito. Con esas piernas (no las del cartel que ya se sabe que no eran suyas) era fácil que Julia deslumbrase: desde un modelito chabacano noventero de top y mini con botas altas, hasta ser el centro de las miradas con el traje rojo de gala. Richard no se quedaba atrás con el atuendo de yuppie de la época.

Ya es repetitivo decir que Pretty Woman era una Cenicienta versionados en meretriz y ejecutivo. Pero qué le vamos a hacer, los romances imposibles gustan. Así que nada, la próxima vez que la televisen (intuyo que este año habrá Pretty woman para rato) vuelvan a gozarla. Al resto lo que nos queda es soñar y perseguir nuestros sueños. Al menos en Hollywood, o eso nos decían las palabras del desenlace:

¿Cuál es su sueño? Todo el mundo viene aquí. Esto es Hollywood: Tierra de sueños, unos se hacen realidad y otros no; pero sigan soñando. Esto es Hollywood. Siempre es hora de soñar, así que sigan soñando…

Por María Aller
@Llesterday_Mary

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