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Críticas

23 paseos: Terapia de choque contra la impaciencia

Esta no es una película de amor al uso. No hay situaciones disparatadas, ni pasiones descontroladas, ni pedidas de mano inverosímiles, ni un/a mejor amigo/a ligón que consuela al protagonista emborrachándolo cuando parece que pierde al ser amado. Y no es solo porque se trate de una historia de amor tardío. Si no, recuerden a Diane Keaton y su peinado eterno con las hormonas revolucionadas por el histriónico y genial Jack Nicholson en Cuando menos te lo esperas (Something’s Gotta Give, 2003). De acuerdo, no existen escenas de alto voltaje, pero sí cumple con las premisas de una comedia romántica al uso en el sentido más hollywoodiense.

En 23 Paseos (23 Walks, 2020), Dave (Dave Johns) y Fern (Alison Steadman) son dos setentones que se conocen casualmente paseando a sus respectivos perros. Durante sus caminatas, van surgiendo la complicidad y el cariño, un romance que va cocinándose a fuego muy lento. Ambos cargan con el bagaje de sus propias vidas y los dos guardan secretos que podrán afectar a su futuro juntos. Mientras Dave se muestra optimista y entregado a la relación, Fern prefiere la cautela, incluso siente miedo ante la perspectiva de un nuevo fracaso o ante el recelo de poder ser al fin feliz y despojarse un poco de un pasado trágico. 

Aún teniendo toques simpáticos, 23 Paseos dista de ser una comedia romántica. En algunos momentos incluso se acerca al cine social, tratando temas como la precariedad en el sistema sanitario, la especulación inmobiliaria o los problemas económicos que surgen tras la jubilación. Es una película veraz en la que los dos protagonistas encajan en el perfil de gente corriente y sin estridencias. Todo muy inglés y educado.

Es cierto que hay que acostumbrarse a su ritmo tranquilo y sosegado, relajarse en la butaca para acompañar a esta pareja y a sus perros durante esos paseos. Entre Dave y Fern va surgiendo el deseo de la compañía y del afecto y se producen momentos realmente tiernos. Es interesante observar cómo cambian las prioridades a la hora de elegir a alguien como compañero según la edad. Aunque a ratos ligeramente monótona, 23 Paseos me parece una cinta tierna y realista sobre el surgir del amor tardío. A veces hay que estar dispuestos a renunciar a las emociones de alto voltaje para saborear momentos más sosegados, pero no por ello dejan de tener su intensidad si vencemos a la impaciencia.

Lo mejor: Apostar de forma realista por una historia de amor tardío. Y los perros, siempre los perros.

Lo peor: El fuego lento al que se cuece la película provoca algunos momentos monótonos.

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