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2018: Las 15 peores películas para la Redacción

Jurassic World: El reino caído (Jurassic World: Fallen kingdom, J.A. Bayona, EE.UU., 2018)

La superproducción reducida a un par de escenas espectaculares no justifica cargarse una franquicia que marcó la infancia de muchos. No esperamos demasiado de cada nuevo estreno del parque de atracciones más deficitario jamás concebido, pero la entrega anterior de Jurassic World no se tomaba muy en serio y nos dio una película cuanto menos divertida. Sacrificar la calidad en favor del show debe ofrecer más.

El ritual (The Ritual, David Bruckner, Reino Unido, 2017)

El coladero de Netflix abona el terreno para que trabajos como El ritual aterricen en la plataforma con intención de acongojar al personal. Nada más lejos de la realidad, pues sus lugares comunes cortan rápido de raíz lo que en su comienzo parecía inquietante. Aun así, el actor protagonista, Rafe Spall, «mojó» en el pasado Festival de Sitges llevándose el premio al Mejor actor, haciendo más patente aún que existía un claro desequilibrio entre la decencia del casting y la historia en la que andaban sumergidos. Brujería sueca y hechos traumáticos del pasado son introducidos en una producción de formas muy correctas que, sin embargo, va perdiendo el sentido según avanzan los minutos. Al final, el conjunto resulta un desaguisado que no despierta el mínimo interés.

Proyecto Rampage (Rampage, Brad Peyton, EE.UU., 2018)

Vale, si el protagonista es The Rock es lo que hay, no me espero más, pero un poco de coherencia dentro de la fantasía no viene mal, por lo menos que si el argumento va de animales que mutan en monstruos gigantes respeta las perspectivas. Si los chistes son autoparódicos, explota más esa faceta y hazme reír. Si no consigues nada de eso, por mucho que tu voluntad solo sea el puro espectáculo de efectos especiales, es que has fallado.

Un pliegue en el tiempo (A Wrinkle in Time, Ava DuVernay, EE.UU., 2018)

Basada en la novela de Madeleine L’Engle, la ambiciosa producción de Ava DuVernay aporta un gran festival de colores intergalácticos que, en su intento de ser una ciencia ficción infantil disneyiana, termina por perderse en realidades paralelas, discursos subrayadamente bienintencionados y titánicas representaciones de icónicas figuras afroaméricanas (¡no puede ser más aterradora esa Oprah Winfrey tamaño King Kong!). Ni el reparto (con Reese Witherspoon, Chris Pine o Michael Peña), ni el aclamado libro de partida salvan una producción engañosa que pone todo su esfuerzo en el deslumbramiento visual muy desconectado del factor humano.

Venom (Ruben Fleischer, EE.UU., 2018)

No hay valores seguros cuando la idea base de un proyecto es, de entrada, caótica y confusa. ¿Película de superhéroes? ¿De antihéroes? ¿O estamos ante la embarullada transformación melodramática de un hombre en el monstruo que domina sus pasiones? De entrada es complejo simpatizar con un villano (ahí las apuestas ya están en contra del producto), aunque sea el mismísimo Tom Hardy el encargado de dar vida a tal personaje. Pero además, el humor no termina de aligerar la trama principal sobre un hombre poseído por sus demonios. El resultado es un caos narrativo y tonal con el que resulta difícil distinguir cuándo se debe reír o llorar.

Mamma Mia: Una y otra vez (Mamma Mia: Here We Go Again!, Ol Parker, Reino Unido, 2018)

Puede que este sea uno de esos casos en los que el dicho «segundas partes nunca fueron buenas«, sea perfectamente aplicable. Y es que lo que prometía ser la continuación de uno de los musicales más aclamados en pantalla de los últimos tiempos se convierte en una descafeinada cara B del film anterior, incapaz de transmitir el espíritu festivo y chispeante de aquél. Los números musicales (olvidables nada más salir de la sala) se encuentran en sintonía con una trama anodina, repleta de guiños forzados y absurdos carentes de humor.

Detective Conan: El caso Cero (Meitantei Conan Zero no Shikkōnin, Yuzuru Tachikawa, Japón, 2018)

Siempre es peliagudo adaptar a la gran pantalla una serie que tiene decenas de millones de seguidores en todo el mundo, y más aún si esa serie lleva en emisión desde 1996 y supera los 930 capítulos hasta la fecha; pero lo que es realmente peligroso es hacerlo renunciando a la esencia del producto original… y en este caso, la genialidad que llevó al manga original de Detective Conan a vender más de 200 millones de ejemplares no se ve por ninguna parte. Esa perspicacia de guion, digna del mejor Conan Doyle, se transforma en un insulso e ilegible caso de intento de boicot que más tiene que ver con la burocracia japonesa que con la inquietante –y universal- atmósfera gótica que rezuma el anime televisivo. La complejidad no hace alusión a la trama, sino al entendimiento de la misma, por lo que se plantea tan innecesaria como ese aderezo (sobrecarga) de escenas de acción inverosímiles y vacuas que no pueden ni soñar con acercarse a la sutil puesta en escena que acentúa el talento de unos de los mejores guiones de la historia de las series de animación.

15:17 Tren a París (The 15:17 to Paris, Clint Eastwood, EE.UU., 2018)

Y lo peor es que siendo estrictos no es una mala película, pero la idea ya nace ahogada. Centrar un largometraje en un episodio que duró minutos te obliga a hacer un ejercicio de relleno del que el GRAN Clint Eastwood no ha salido victorioso. Confusa en sus intenciones, irregular y falta de tensión, la película no da ni para echar la tarde en casa en un día de resaca.

Blackwood (Down a Dark Hall, Rodrigo Cortés, EE.UU., 2018)

Rodrigo Cortés está jugando con fuego. Y es que, todo lo que consiguió con un relato minimalista pero lleno de tensión y agilidad como Buried (2010), lo ha ido perdiendo por el camino. Su incursión en lo sobrenatural con Luces rojas (Red Lights, 2012) ya resultó buena muestra de su clarividente capacidad narrativa, aunque el fracaso se encontraba en aquellos hechos que pretendía convertir en trascendentes. Ahora, esos buenos gestos desaparecen en pos de una barroca puesta en escena que no hace sino aumentar el vacío de su llamativo empaquetado. En Blackwood Cortés se desmarca de un guion del que pierde el control para dar a luz un cuento de fantasmas con poca enjundia.

Cadáver (The Possession of Hannah Grace, Diederik Van Rooijen, EE.UU., 2018)

Realmente el pecado de este film no va más allá de ser “otra película de terror más”. En un momento en el que el cine de género parece dar algunas señales de una ilusionante reinvención, ya no sirven los argumentos previsibles ni las situaciones forzadas que presenta Cadáver, y menos aún si esto va acompañado de elementos erráticos que rompen el proceso inmersivo. En definitiva, ya no valen los clichés –muy utilizados a lo largo de la Historia para subrayar la idiosincrasia del cine de género- si no son usados como herramienta de autoconsciencia y renovación posmodernista. Por si fuera poco, la evidente propuesta visual se apoya en un uso del sonido que busca más la sensación de grima fácil que la inquietud del desconcierto o el silencio. Probablemente, todo esto no resultaría tan sacrílego si no se estuvieran estrenando películas de la categoría de Hereditary, que confirman el surgimiento de una “nueva escuela” de cine de terror más silencioso y psicológico.

Ha nacido una estrella (A Star is Born, Bradley Cooper, EE.UU., 2018)

Cánsame, me dijiste cánsame, cánsame por el camino, y agarrada a Bradley Cooper te cansé cargada de narcisismo. La misma historia de siempre, ni una sorpresa, el aburrimiento de la autosuperación y de la estrella caída en desgracia. El petardo de miradas y de saber qué va a  pasar siempre en la siguiente escena. Y así, discurriendo hacia la nada, el menú de cada día compuesto por los mismos platos de siempre. Ahora, Lady Gaga muy bien, todo sea dicho.

El ángel (Luis Ortega, Argentina, 2018)

Película que presenta a un personaje fascinante, real e increíblemente interpretado por Lorenzo Ferro. Sin embargo, el caos parece hacerse con las riendas tanto de la estructura del guion como de los temas que se tratan, pseudotratan o parecen intentar tratarse en el film. Encontramos largos periodos de estancamiento en el trascurso de la trama que cuando no se descongestionan a través de grandes elipsis, se hace por medio de escenas en las que el tiempo narrativo se acelera de manera tan brusca como desconcertante. Es inevitable la sensación de estar contemplando una sucesión de “palos de ciego” al contemplar la trastabillada narración ya mencionada y el superficial tratamiento de numerosos elementos tales como el interior de los personajes, el contenido moral de la cinta o la sexualidad del protagonista.

Ocean’s 8 (Gary Ross, EE.UU., 2018)

¿Entretenida? Pues sí, oye, para que nos vamos a engañar, un reparto así te tiene enganchado a la pantalla. Pero un reparto así también tiene que lucir más, sobre todo cuando la película “masculina” reunía una pléyade de estrellas parecida y parió una de los más divertidos filmes de ladrones que se han hecho. Humor grueso y predecible, sin originalidad ni frescura, chupando rueda de la franquicia de Steven Soderbergh. Una oportunidad perdida de reivindicar un argumento propio.

La monja (The Nun, Corin Hardy, EE.UU., 2018)

Escenarios de cartón piedra y habitantes de la Rumanía profunda y ¿medieval? que hablan perfecto inglés son algunas de las innumerables «virtudes» de esta oda al cine simplón que, para desgracia del género, cobija sus irritantes formas en el terror más anodino y patético. Estereotipos, clichés y efectos especiales caseros acompañan un guion pésimo que solo aumenta la sensación de que al universo Expediente Warren se le empiezan a deshilachar las costuras. Todo lo logrado con algunas de sus efectivas -y efectistas- películas, puede irse al garete si infamias como La monja vuelven a aparecer por nuestra cartelera.

La buena esposa (The Wife, Björn Runge, Reino Unido, 2017)

A pesar de la esforzada interpretación de Glenn Close, los irrisorios diálogos a los que es sometida, junto a Jonathan Pryce, convierten este teórico drama sobre el matrimonio, el machismo y el feminismo, y la entrega de un Premio Nobel en un desfile de situaciones bochornosas siempre coronadas con alguna frase para enmarcar. La novela de Meg Wolitzer pierde todo su empaque en esta perezosa adaptación al cine, en realidad, una colección de tramas que van perdiendo el rumbo y parecen hacer mutar el drama de su relato hacia el absurdo de un telefilm en horario de baja audiencia.

Lista elaborada por Javier G. Godoy, Cristina Aparicio, Javier Martín Corral y Martín Escolar-Sanz.

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