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Críticas

Terminator. Destino oscuro: Erre que erre

Han transcurrido varios intentos de secuelas, reinicios disfrazados y hasta una serie de televisión para intentar dar con la tecla de una buena continuación al universo espacio-temporal creado por James Cameron en uno de sus films santo y seña, Terminator (1984) un largo serie B de ciencia ficción que supuso un todo un pelotazo por su visión apocalíptica y oscura de nuestro futuro. Años más tarde realizó la icónica Terminator 2: El juicio final (Terminator 2: Judgment Day, 1991), continuación que subió de categoría, tanto a nivel artístico como de presupuesto. Son todo un clásico, desde los efectos especiales a la banda sonora, pasando por varias frases que son ya parte de nuestro ADN pop. A partir de aquí todo lo que sucedió con la saga debería poder borrarse como una línea paralela temporal. Y eso ha debido pensar Cameron que, tras recuperar los derechos de explotación de la historia, sitúa a Terminator: Destino oscuro (Terminator: Dark Fate, 2019) como secuela directa de T2, eligiendo como director a Tim Miller (Deadpool).

La historia: nada nuevo en el horizonte. Un nuevo terminator, el Rev 9, es enviado al presente a acabar con la joven Dani (Natalia Reyes). Grace (Mackenzie Davis), un hibrido entre humana y máquina, y Sarah Connor (Linda Hamilton, que recupera aquí el personaje de su vida) serán las encargadas de ayudar a Dani a seguir con vida.

Parece que, ante la falta de originalidad del asunto, el director se lo juega todo a la acción desenfrenada, a la montaña rusa que no deja al espectador respiro para asentar la trama y al carisma de sus personajes, muy desdibujados a pesar de todo. Tanscurrida una hora de metraje, no vemos atisbo de algo nuevo en la pantalla que justifique la secuela: es más de lo mismo pero peor. Giros de guion poco trabajados y decisiones más que discutibles -como la forma chusca de sacar a John Connor de la historia- provocan que según avance la película vaya disminuyendo el interés de una trama previsible y de convencional desenlace.

En esta ocasión, el apartado técnico no es especialmente reseñable. En cierta forma, sí se puede destacar a una empoderada Sarah Connor que se da el gustazo de jugar a la reina de la función; Por su parte, Arnold Schwarzenegger se divierte jugando a ser él mismo en una autoparodia que muestra la deriva del personaje. El enésimo acercamiento al universo Terminator es un film completamente olvidable que se diluye rápidamente tras el encendido de luces de una sala seguramente saturada con las idas y venidas de los esqueletos de titanio más famosos del cine.

Lo mejor: Que, supuestamente, sea este el fin de la saga.

Lo peor: No hay ni un ápice de novedad en su relato.

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