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Críticas

Maixabel: Encuentros con luces y sombras

Al cine español siempre le ha costado reflejar sin complejos la historia, sobre todo si la herida es reciente y los implicados aún recelan de lo que unos dicen que es y otros que no. La de ETA, su incidencia social y política, es un navajazo en nuestras vidas que, con la disolución de la banda a la vuelta de la esquina, todavía duele y todavía amarga. A unos más que a otros, claro.

La directora Icíar Bollaín (Te doy mis ojos, El olivo) se acerca de nuevo a los daños colaterales del conflicto asumiendo los riesgos de relatar algo tan peliagudo como los encuentros de presos etarras con víctimas del terrorismo, centrándose en el caso de Maixabel Lasa, esposa del dirigente del PSOE Juan María Jáuregui asesinado por el comando Buruntza el 29 de julio del año 2000. De esta forma, Bollaín vuelve a transitar por historias humanas -una constante- y los dramas sociales en la línea de Hay motivo (2004), Mataharis (2007), También la lluvia (2010) o En tierra extraña (2014).

Apoyada en las esforzadas interpretaciones de dos grandes del panorama patrio, Blanca Portillo y Luis Tosar, la película de Bollaín está plagada de buenas intenciones. El guion de la propia directora junto a Isa Campo, mira de soslayo la confrontación social y el impacto en el entorno de la idea del diálogo entre víctimas y victimarios, para poner el acento en las propiedades curativas de las conversaciones, para unos y para otros. Este aspecto tiene su punto álgido en el primer careo de los protagonistas, una secuencia rodada con acierto y una intensidad brutal. El espectador se sumerge en el intercambio de frases, de gestos y miradas, aunque la eficacia del momento siempre tendrá un talón de Aquiles: la debilidad del contexto.

A pesar del indudable vigor y la vigencia de algunos de sus pasajes, Maixabel está condicionada por un carácter buenista que le hace flaco favor. La propia directora y el elenco reconocían en rueda de prensa lo delicado del material y el tacto con el que se concibió todo el proyecto, pero lo cierto es que esta realidad no permite que la película resulte todo lo trascendente que podría (o debería) ser. En varios tramos, el desarrollo del film parece ir a medio gas dirigido con piloto automático, como con un exceso de reparo que, siempre respaldado por ese argumento del respeto absoluto a la historia, perjudica un conjunto por el que sobrevuela un tono de TV movie que debilita sus fortalezas. La impresión final es que, a pesar de sus virtudes (que las tiene), Maixabel podría haber bajado más al barro a pesar del dolor y el riesgo. Al fin y al cabo, eso es mucho de lo que ha habido en el castigado País Vasco durante largo tiempo.

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