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The Boys: Caña al superhéroe

En una de las secuencias del tramo incial de Capitán América: El primer vengador (Captain America: The First Avenger, 2011), el científico Abraham Erskine -interpretado por el siempre efectivo Stanley Tucci– le pide algo al aún escuchimizado Steve Rogers: «Sin importar lo que suceda mañana, prométeme una cosa. Que serás siempre quien eres. No un soldado perfecto, sino un buen hombre». Pues así sería el nuevo e inmortal Rogers, un Capitán América ejemplar, cachas y ya a disposición de la humanidad, que jamás desviaría su forma de actuar, siempre dedicada a que los terrícolas -y de vez en cuando a los que no lo son- se sintiesen seguros en un universo tendente a lo belicoso.

Ahora, la todopoderosa Amazon vuelve a dar alas al duo Evan Goldberg/Seth Rogen -responsables de Preacher, Juerga hasta el fin o la polémica The Interview– para parir una nueva serie a partir del cómic de Garth Ennis y Darick Robertson: Se trata de The Boys (2019), relato canalla y gamberro, lleno de ingeniosas referencias socio-culturales y, sobre todo, crítico con el mundo que el ser humano está construyendo, donde parece que no tendría cabida un Capitán América firme, incorruptible, lleno de amor por el prójimo… y sin redes sociales. En la punzante The Boys, el universo Social Media marca el paso de otro universo, el de los «súper», siete figuras protectoras al servicio de Estados Unidos abanderadas por Patriota -rubio, sonriente, educado, amable…- y gestionadas con mano de hierro (¿Disney?) por una empresa llamada Vought.

Pero nada es lo que parece tras los trajes cool de Patriota, Reina Maeve, A-Tren, Translúcido, Negro Oscuro, Profundo o Luz Estelar. Una fama mal digerida ha logrado corromper el objetivo final de sus superpoderes, desarrollados a partir de la compleja personalidad de cada uno de ellos. No hay nada modélico en la verdadera esencia de «Los Siete», que sonríen cínicamente a la cámara luciendo sus proezas a la espera de likes, retuits y comentarios a millares en Instagram. Porque esa es su verdadera misión: ser influencers antes que salvar a la gente. Normal que, ante tanta incompetencia y depravación heroica, aparezcan antagonistas con la misión de destapar las miserias –los grises de los personajes, otro punto fuerte de la serie– de aquellos a los que el resto del mundo ha endiosado hasta límites insospechados. Vamos, como si Dulceida, Cristiano Ronaldo o el puñetero Rubius, volasen, repartiesen bofetadas como periódicos a la salida del Metro o escupiesen rayos aniquiladores por los ojos con la misma vocación de superhéroe que podría tener Mariano Rajoy (pero en guapos).

Y así, entre luchas de poderes -en el amplio sentido de la palabra- se desarrolla una serie que le pone a este mundo 2.0 la cara colorada. ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué figuras elegimos como referentes? En caso de que estos seres extraordinarios existiesen ¿tendríamos los superhéroes que merecemos? Como «rincón de pensar» parece valer The Boys con su afilado diseño de personajes, su humor casi siempre irreverente (atención a la arenga de Carnicero usando a las Spice Girl), un buen trabajo de efectos visuales y todas las ganas del mundo por zarandear las estúpidas tendencias de una sociedad, la actual, desinformada -o informada mal y en exceso, que viene a ser lo mismo- capaz de entregarse en cuerpo y alma al vídeo más viral o a la foto con más pulgares hacia arriba. Es decir, la gilipollez de la raza humana dentro y fuera de la Red de Redes.

La serie puede verse en Amazon.

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